Una nube es un acontecimiento.
Son fenómenos en constante evolución, crecen sin principio ni fin.
Cuando llueve, la nube se desgarra como lana entre los finos dientes de un peine.
Una nube se transforma una y otra vez hasta que, en algún momento, la última brizna de humedad se disipa en la atmósfera.
En las predicciones sobre el cambio climático, las nubes representan una gran incógnita: pueden intensificar el calentamiento al atrapar el calor o reducirlo al reflejar la luz solar. Cuanto más alta se encuentre una nube en la atmósfera, más calor retendrá. Del mismo modo, cuanto más densa sea, mayor será su capacidad para reflejar la luz solar.
Dado que cualquier variación en estas condiciones puede intensificar o atenuar los procesos climáticos en curso, las predicciones se vuelven rápidamente inciertas.”
Desde una sola gota de lluvia hasta una capa de hielo, el mundo físico está plagado de imprevisibilidad. (Amelia Urry)